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SÁBADO SANTO, 3 de abril de 2010

Sábado santo: día del gran silencio. Cristo está muerto. La Palabra ha callado, yace en un sepulcro. Es como el silencio que cubre una ciudad después del bombardeo. O después de un terremoto. El silencio de la devastación, del aniquilamiento, de la angustia.

Silencio de muerte.



El grano de trigo cayó en tierra. Murió. Pero algo muy pequeño, casi imperceptible, se agita en su germen. Un brotecito se abre paso sin ruido, casi sin fuerza, perseverante como el sol. Y está saliendo, casi inmóvil, a la luz. Es como la esperanza, que se abre paso sin que nos demos cuenta, en medio del dolor.

Silencio de vida.



El gran silencio es tierra fértil. Permite escuchar a Dios, que no estaba en la tempestad, que no estaba en el maremoto: estaba en una brisa muy suave, apenas más sonora que el silencio. De ella quiere germinar la alabanza, el aleluya pascual. Como el recién nacido, que del arrullo del vientre salta al primer llanto.




Virgen María, Madre del Señor, danos tu silencio y paz, para escuchar su voz.



(Autor: Guillermo Rosas ss.cc. / g.rosas@sscc.cl)

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